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*NOTICIA 1983

Algunos miembros de la comitiva real comentan entre sí cómo este es uno de los más emotivos viajes del Rey a Iberoamérica. En su segunda jornada en Montevideo la alegría y la gratitud de los uruguayos ha continuado manifestándose abiertamente para mayor contrariedad gubernamental. El Rey ha roto un par de veces el protocolo y sus propios cordones de seguridad, prescindiendo del automóvil y atravesando plazas a pie en auténticos baños de multitud. Esta ciudad, apacible, llena de coches de modelos antiquísimos, algunos de los cuales exhiben banderas españolas, ha hecho una fiesta esperanzada de la presencia de los Reyes. En las noches, las radios emiten constantemente música española.

En la recepción de anteanoche, ofrecida en el palacio legislativo por el presidente Alvarez, pudo masticarse el silencio cuando el Rey aludió elogiosamente a Juan Carlos Onetti o a las virtudes civiles y morales de los sistemas democráticos. El presidente Álvarez volvió a insistir en la comparación de los procesos democráticos español y uruguayo, haciendo énfasis en que los problemas de su país tendrían siempre solución si eran resueltos por uruguayos.Previamente se había celebrado en el palacio del Gobierno la entrevista entre los dos jefes de Estado. No se vieron a solas y todo el encuentro -no podía ser de otra forma- se circunscribió a una sucesión de lindezas protocolarias. Luego el Rey y el presidente Goyo Álvarez salieron al balcón del palacio. La multitud en la plaza llevaba tiempo coreando el “que salga el Rey”. Don Juan Carlos saludó al gentío durante unos momentos, mientras el presidente se mantenía en un segundo plano y sin saludar.

En la mañana de ayer, conversaron los ministros de Asuntos Exteriores de los dos países, llevando Fernando Morán el peso de la entrevista. El ministro español planteó la petición de liberación de presos y se extendió sobre las consecuencias que para Iberoamérica puede suponer la futura integración de España en la Comunidad Económica Europea.

La agencia Efe, citando una fuente no oficial pero segura, informó esta madrugada que tres de los españoles encarcelados en Uruguay por motivos políticos, han sido puestos en libertad. Por el momento no ha sido facilitada su identidad.

El ministro uruguayo pudo haber solicitado mayor “comprensión” por parte de la prensa española a lo que Morán habría aducido que la prensa es libre y que además viene demostrando una gran preocupación por la defensa de los derechos humanos, lo cual también conforma una de las líneas maestras de nuestra diplomacia. Morán se interesó igualmente por la liberación de las tres madres de desaparecidos uruguayos en Argentina, detenidas el mismo día de la llegada de los Reyes, expresando también su desagrado por el secuestro de la revista Democracia precisamente en estos momentos.

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En cualquier caso, el ministro Morán, quien hizo una brillante exposición ante su colega del proceso democrático español, aclaró que España no pretendía dar lecciones o ejemplos de democracia a nadie. La jornada de ayer se completó con la recepción ofrecida por los Reyes a sus anfitriones en la embajada de España, la visita a la comunidad española, una sesión solemne del comité de representantes ante la Asociación Latinoamericana de Integración, visitas a entidades benéficas e investidura del Rey como doctor honoris causa por la universidad de la República.

El acto políticamente más importante, y sin duda más difícil fue el recibimiento que hizo el Rey de doce líderes opositores, cuatro en representación de partidos prohibidos, muchos de los cuales carecen de derechos cívicos y políticos en su propio país.

Fueron recibidos en la embajada de España Julio María Sanguinetti, Enrique Torigo y Jorge Batlle (por el Partido Colorado), Juan Pidel, Julio Pereira y Dardo Urtiz (por el Partido Nacional), Umberto Ciganda, José Vicente Chiarino (por la Unión Cívica), el doctor Cardoso y Germán D’Elía (por los socialistas) y Juan Pablo Terra y Daniel Sosa (por los democristianos). Esta audiencia, obviamente, ha sentado como un tiro a las autoridades uruguayas, que temen -acaso con razón- que la visita real tenga efectos políticos de espoleta retardada.*


Noticia compartida de El País:
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