Archivos mensuales: octubre 2016

Giuseppe Verdi

Giuseppe Verdi

“Tal día como hoy hace 203 años, nace en Roncole (Italia), el italiano que será compositor de importantes y grandiosas óperas, Giuseppe Verdi.”

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Giuseppe Verdi

*Giuseppe Fortunino Francesco Verdi (Roncole, 10 de octubre de 1813 – Milán, 27 de enero de 1901) fue un compositor de ópera italiano.
Verdi compuso ópera durante toda su vida y perfeccionó su arte con la influencia de Rossini, Bellini y Donizetti con el uso de las formas de la grand opéra francesa, para desembocar en la creación de sus obras maestras shakespearianas, Otello y Falstaff, en las que se apuntan algunas de las innovaciones de Wagner en la forma de la ópera. A lo largo de su vida, su originalidad y fecundidad no tuvieron rival.
Verdi

Nació en el pueblo de Roncole, cerca de Parma, entonces bajo la dominación napoleónica, el mismo año que nacería Richard Wagner. Carlo y Luigia Verdi, padres del futuro gran músico, eran más bien pobres: regentaban una pequeña posada que tenía anexa una tienda de comestibles; para aprovisionarse, acudían a un rico mayorista de Busseto, Antonio Barezzi, que era también el alma de la cultura musical ciudadana por su cargo de presidente de la Sociedad Filarmónica local.

Carlo Verdi envió a su hijo que estudiara en la casa parroquial, donde recibió las enseñanzas del reverendo Pietro Baistrocchi, que, naturalmente, junto a las primeras letras, le hizo aprender los fundamentos de la música en el órgano de la iglesia. Verdi asimilaba con tal rapidez las enseñanzas del padre Baistrocchi, que llegó al extremo de sustituirlo, cada vez más a menudo, en el puesto de organista, dedicación que en la iglesia alternaba con la de monaguillo. En 1822, comenzó sus estudios musicales con Ferdinando Provesi, [2] que ejercía los cargos de organista y maestro de capilla en la catedral, además del de maestro municipal de música en la Sociedad Filarmónica, la institución presidida por Barezzi y que constituía, con relación al coro de la iglesia, la vertiente laico de la vida musical de Busseto. El gran Provesi ya nada tenía que enseñarle y Barezzi, firmemente convencido del futuro de aquel joven encaminado a convertirse en su yerno, obtuvo para él una beca del Monte de Piedad local, que le permitía seguir estudios en Milán.
Primeros días en Milán
Pero en Milán la esperaba la primera desilusión artística de su vida: no poder entrar por conducto regular el Conservatorio por haber superado ya la edad fijada por el reglamento, Verdi tuvo que someterse a un examen y acreditar aquellas «cualidades excepcionales »que podían constituir la única excepción admitida a la regla. Y fue rechazado. En vista de ello, la única alternativa para Verdi consistía en acudir a la enseñanza privada: siempre ayudado por Barezzi, estudió durante tres años bajo la orientación de un operista de la escuela napolitana, protegido del famoso Paisiello . Se trataba del arisco pero competente Vincenzo Lavigna.

Pero en Milán la esperaba la primera desilusión artística de su vida: no poder entrar por conducto regular el Conservatorio por haber superado ya la edad fijada por el reglamento, Verdi tuvo que someterse a un examen y acreditar aquellas «cualidades excepcionales »que podían constituir la única excepción admitida a la regla. Y fue rechazado. En vista de ello, la única alternativa para Verdi consistía en acudir a la enseñanza privada: siempre ayudado por Barezzi, estudió durante tres años bajo la orientación de un operista de la escuela napolitana, protegido del famoso Paisiello . Se trataba del arisco pero competente Vincenzo Lavigna.

El único pasatiempo que tenía Verdi era asistir a los espectáculos de La Scala ya los ensayos y conciertos de la Sociedad Filarmónica. Durante uno de estos ensayos -se estaba preparando el difícil oratorio La creación, de Haydn- faltaron los tres directores titulares y Verdi tuvo que sustituirlos. Las sonrisas de suficiencia con que los nobles músicos iniciaron el ensayo se mudaron muy pronto en estima y, finalmente, en profunda admiración, hasta el extremo que le rogaron que dirige personalmente el concierto, en el que obtuvo un éxito halagüeño. Massini le propuso la composición de una ópera y le suministró también el libreto, ya impreso y titulado Rochester, del que era autor un tal Antonio Piazza.

Margherita Barezzi

Con la muerte de Ferdinando Provesi, Verdi vuelve a Busseto, donde permaneció durante tres años, de 1836 a 1839. Apenas obtenido el cargo, se casó con Margherita y formó un hogar, en la que al cabo de un año nació Virginia, seguida al poco por un segundo hijo, Icilio. Tras dimitir a Busseto, volvió en febrero de 1839, apoyado una vez más por la generosidad financiera del suegro.

Los jovencísimos esposos, que el año anterior, estando aún en Busseto, habían perdido ya la pequeña Virginia, se les moría, también el 22 de octubre, su segundo hijo, Icilio.

Por otra parte, el 17 de noviembre de 1839 Verdi estrena su ópera Oberto, Conte di San Bonifacio, con el libreto y el título modificados en La Scala, con un éxito «no grandioso, pero bueno”, según escribió el mismo compositor. Bartolomeo Merelli, que regentaba el teatro en aquellos momentos, le encargó a Verdi inmediatamente una segunda ópera, cómica esta vez, por exigencias de equilibrio de géneros en la programación. Como no había tiempo para procurarse un libreto original, se recurrió entonces, algo habitual en aquellos tiempos, en un librito escrito hacía más de veinte años por Felice Romani, autor de los textos de casi todas las óperas de Bellini. La obra fue Un Giorno di Regno (Un día de reinado), con un texto muy mediocre, no tanto por la calidad intrínseca de los versos, como por la soporífera reiteración de la trama.

Placa conmemorativa del 150 aniversario
de la muerte de Margherita en Milán

Margherita, que tras la muerte de Icilio, tan próxima a la de la primogénita, no se había recuperado, enfermó de encefalitis y murió a los pocos días, el 18 de junio. Verdi se sintió aniquilado: volvió a Busseto y durante todo el verano estuvo inmerso en el dolor. A finales de esta estación, sin embargo, acosado por las exhortaciones de Merelli, volvió a Milán y reanudó su actividad, buscando en el trabajo un camino de evasión.

En estas condiciones era muy difícil componer la opera buffa que se estrenó el 5 de septiembre de 1840. El tema era trillado, la música era más bien mediocre y la interpretación fue pésima.
Verdi se refugia en Busseto. Pero quien parte de una pequeña comarca para volver derrotado, no puede esperar encontrar el reposo y la serenidad de un cariñoso consuelo. Imposible quedarse. Verdi marchó a Génova para retocar la partitura de su Oberto, que iba a representarse en el transcurso del otoño. En retocarla, la empeoró considerablemente, aceptando entre otras cosas secundar el gusto más reaccionario del público. Pero la ópera sólo obtuvo un moderado éxito. Como no podía seguir soportando la atmósfera opresiva y burlona de Busseto, retornó a Milán, que representaba para él el único lugar donde podía refugiarse en el anonimato más absoluto.


na noche de invierno, se encontró casualmente con Merelli, que se dirigía al teatro. Caían grandes copos de nieve y él, cogiéndolo del brazo, lo invitó a acompañarlo en el camerino de La Scala. Mientras iban caminando, le explicó que estaba preocupado por la nueva ópera que tenía que ofrecer y que había encargado a Nicolai, pero este no estaba contento con el libreto. Se trataba de Nabucco, con versos de Temistocle Solera. Verdi ante las lamentaciones financieras de Merelli, cerró la cuestión pagando de su propio bolsillo los nuevos contratados. Lo que, en cambio, no pudo evitar fue el uso de viejos decorados y vestidos, provenientes de las óperas más dispares y que se readaptar y restaurar para aquella ocasión. Durante los ensayos, el teatro caminaba revolucionado por una música nueva. El carácter de la partitura era tan insólito y desconocido, el estilo tan rápido y nuevo, que el estupor era general; cantantes, coro y orquesta, al escuchar esa música, mostraban un entusiasmo extraordinario. Y aún hay más: era imposible trabajar en el teatro, fuera del escenario, ya que los operarios, pintores, iluminadores y tramoyistas, electrizados por lo que escuchaban, dejaban sus tareas para asistir boquiabiertas a todo lo que se ponía en escena.


Imagen de una representación moderna de Nabucco

Nabucco se estrenó en La Scala el 9 de marzo de 1842, con la soprano Giuseppina Strepponi, en el papel de Abigaille. Strepponi se convirtió en el amante de Verdi, y pasado mucho tiempo desde la muerte de su primera esposa, en 1859, se casó con ella. La velada tuvo un crescendo de entusiasmo, llegando a extremos delirantes al término del «Va, pensiero», cuando todo el teatro se levantó de golpe y, pasados ​​unos interminables minutos de aplausos, se concedió el bis.

Fue uno de los más fervientes casos de total identificación entre público y ópera que se recuerdan en la historia de la ópera. En el mundo de la lírica, dominado hasta entonces por las melodías astrales, lánguidas y dulcísimas de Bellini y Donizetti, irrumpía una música potente, a veces brutal e incluso rudo, pero hecha siempre de carne y sangre, con la vitalidad y la fuerza de un río en plenitud. Una música que sintonizaba completamente con el estado de ánimo de un público cada vez más intolerante con la dominación austríaca. Sólo se pudieron dar ocho funciones de Nabucco durante el mes de marzo debido a exigencias de programación, pero cuando esta ópera volvió a estar en cartel en verano, se representó durante 57 noches, cifra fabulosa incluso en aquellos años.

Ahora, la alta sociedad de Milán competía para tenerlo en sus salones. En 1842, nacieron las relaciones de Verdi con la condesa Appiani, con la noble dama Morosini y, sobre todo, con la condesa Clara Maffei o Clarina, en el salón de la cual se agrupaban los mejores cerebros de la Lombardía, atraídos por el espíritu, gracia y patriotismo de Clarina, así como por la amabilidad y cultura de su marido, Andrea Maffei, que estaba completando la primera traducción al italiano de Shakespeare y de Schiller.

Cuando Clarina, pocos años después, se separó de su marido, iniciando su convivencia con el poeta y patriota Carlo Tenca, Verdi continuó manteniendo la amistad de ambos, pero fue Clarina la que ocupó siempre un lugar destacado en el restringido número de sus afectos. Este sentimiento de amistad de Verdi se vería más que correspondido por ferviente carácter de esta indómita criatura de aspecto benigno y dulce, que poco a poco transformaría su salón en una auténtica fragua irredentista, lugar de encuentro de los espíritus más animosos y batalladores de la ciudad, que allí prepararon la gran insurrección de 1848. Verdi era una de las figuras centrales de ese grupo, si bien políticamente no estaba comprometido de una manera directa. Pero su música se había convertido ya en sinónimo de libertad, de lucha y de rebelión contra la dominación extranjera.

Un dels seus llibretistes: el poeta Francesco Maria Piave

La seva fama creixia, però precisament per això li era més necessari que mai ser present en tots els teatres importants, escrivint ininterrompudament per consolidar la seva talla artística. Va estrenar un gran nombre d’òperes en la dècada posterior a 1843, un període que el mateix Verdi va anomenar els anys de galeres. El 9 de març de 1844, any que va seguir el triomf d’I Lombardi es va posar en escena al teatre La Fenice de Venècia la seva òpera Ernani, que va assenyalar l’encontre entre Verdi i l’exseminarista i poeta Francesco Maria Piave, destinat a convertir-se en l’autor de fins a deu llibrets de Verdi, amb qui va establir una relació d’íntima i fidel amistat.
Así, al año siguiente de Nabucco, el 11 de febrero de 1843, Verdi puso en escena I Lombardi alla prima crociata (Los lombardos en la primera cruzada), que mantenía el espíritu de la ópera precedente, suscitando auténticos delirios por su tema, que sacaba descubiertamente a escena el pueblo lombardo. Temistocle Solera había compuesto el libro inspirándose en un poema de Tommaso Grossi, otro habitual del salón de los Maffei. También en esta obra el éxito cuajó en el entorno de un corazón, O Signor che del Tetto natio (Oh, señor que del solar nativo), que los lombardos cruzados entonan en el tercer acto. Junto con el Va, pensiero, pronto este corazón quedó elegido como símbolo patriótico y se cantaba por las calles como reto intimidante hacia las tropas austriacas.

Verdi en SantAgata , 1898 de izquierda a derecha Stolz , Strepponi , Campanari , Verdi , Guilio Ricordi , Giuditta Ricordi , Metlicevik .

Después de su éxito vendrían los “años de galera” como él mismo los definiría, trabajando por encargos y a ritmo de una ópera al año, de esas óperas, muy de tradición italiana, yo destacaría Macbeth, supone un primer paso enorme hacia el drama musical que Verdi deseaba, es curioso cómo se quejaba de la intérprete protagonista por no tener una voz áspera y malvada, Donizetti, Rossini y me atrevería a decir todos los compositores hasta bien entrado el siglo XX, no habrían siquiera pensado en esa caracterización total de un personaje de ópera.Desde 1847 pasa largas temporadas en Paris, conociendo bien los trabajos de Meyerbeer, Hàlevy o Gounod.
El gran paso siguiente fue, sin duda, la llamada trilogía popular Rigoletto, Trovatore y Traviata, en especial la primera.En 1848 compra Villa Sant’Agata cerca de su tierra natal, donde desde 1851 vivirá casi ininterrumpidamente preocupándose de ampliar y gestionar sus terrenos y cultivos como el campesino que llevaba dentro.
Las siguientes óperas ya se alejan cada vez más del encorsetamiento del melodrama italiano, Il Ballo, La Forza, Don Carlos o Aida, son obras maestras de su propio lenguaje teatral.Verdi

Verdi pasó en París los siete meses siguientes del 1847, que constituyen uno de los momentos cruciales de su vida. Se encontró con la soprano Giuseppina Strepponi; la relación entre ambos, los comienzos de la que se remontaban a los lejanos tiempos del Oberto y que se había profundizado durante las primeras ocho representaciones del Nabucco, se transformó en un lazo afectivo destinado a perdurar toda la vida.

Giuseppina Strepponi, segona esposa de Verdi

Giuseppina había roto las relaciones con el tenor Napoleone Moriani en 1842, y salió con el espíritu destruido y la ve seriamente dañada. A pesar de ello, empujada por las preocupaciones económicas familiares, además de las ocasionadas por el futuro de su hijo Camillino -el otro había muerto casi en nacer-, continuó cantando y había contribuido al éxito de Nabucco.

Después de la revolución fustrado y no teniendo que preocuparse ya de la censura, escribió de un tirón una ópera que es un auténtico himno patriótico y libertario: La batalla de Legnano, es decir, la batalla en la que los ejércitos de la liga Lombarda derrotaron a los del emperador Federico Barbarroja, liberando el norte de Italia de su dominación. Obviamente, tal música correspondió, dado el clima independentista que vivía Italia, un triunfo apoteósico. Con ésta, se cierra el ciclo de las óperas juveniles de Verdi.

Al final de los años de galeras, Luisa Miller (Nápoles, Teatro San Carlo, 8 de diciembre de 1849) y Stiffelio (Teatro Grande de Trieste, 16 de noviembre de 1850) marcó un momento fundamental en la evolución estilística de Verdi. Su pensamiento musical se hizo más refinado y su dramaturgia gira hacia un noble lirismo que exalta la profundización psicológico de los personajes. Verdi había alcanzado la plena madurez artística, que confirmó con los tres títulos de la considerada trilogía popular, un tríptico de obras de argumentos diversos y muy queridas por el público: Rigoletto, Il trovatore y La Traviata, tres óperas destinadas a obtener un éxito abrumador.


La seva casa a Sant’Agata

Mientras tanto, Verdi había adquirido la villa de Sant’Agata, en el municipio de Villanova sull’Arda, en la provincia de Piacenza y no demasiado lejos de Busseto. Aquí se estableció en la primavera de 1851 junto a su compañera sentimental Giuseppina Strepponi. A Sant’Agata, Verdi se dedicó con pasión a la agricultura, y cultivó sus intereses en el arte, la poesía, la economía y la política. Fue elegido consejero comunal de Villanova y consejero provincial.

Hacía ya 10 años largos que Verdi era el compositor más notable italiano y su fama crecía ininterrumpidamente por toda Europa. En 1862 se trasladó a San Petersburgo, donde se estrenó triunfalmente La forza del destino. En 1865, estaba de nuevo en París para la revisión de Macbeth y volvió dos años después, para el estreno de la que es quizás su gran ópera, Don Carlos. Sin embargo, el reconocimiento de la grandeza de esta obra, así como la de Simon Boccanegra, se debe a la crítica más reciente.

Arrigo Boito i Verdi

La vida de Giuseppe Verdi puede dividirse en dos periodos: el juvenil, relleno de tribulaciones y luchas, y el de madurez, pletórico de serenidad e inspiración. Pasó sus últimos años entre Sant’Agata y Milán. El 16 de diciembre de 1899 instituyó la Opera Pia, Casa di Riposo por y Musicisti: quería asegurar el mantenimiento de aquellos «que han dedicado la vida al arte musical» y que se encontraran en condiciones precarias. Según su voluntad, el primer huésped del asilo fue aceptado después de la muerte del compositor.

Su testamento, hecho el 14 de mayo de 1900, Verdi designó como heredera universal una prima de Busseto, Maria Verdi. Sin embargo, dejó muchos legados a diversas entidades sociales, entre las que se encontraba obviamente la Casa di Riposo para Musicisti, en el oratorio de la que fue enterrado junto a su esposa Giuseppina, el 27 de febrero de 1901 . el corazón va, pensiero fue interpretado a su funeral oficial durante el traslado del cementerio en la Casa di Riposo por Musicisti, dirigido por Arturo Toscanini y un coro de 820 cantantes. Dentro de la Casa, se cantó el Miserere de Il trovatore

Fotografia de VerdiPero le queda una obra más por hacer en 1899 se crea la fundación para la Casa Verdi

“Delle mie opere, quella che mi piace di più è la Casa che ho fatto costruire a Milano per accogliervi i vecchi artisti di canto non favoriti dalla fortuna, o che non possedettero da giovani la virtù del risparmio. Poveri e cari compagni della mia vita!”De mis trabajos, el que más me gusta es la Casa que he hecho construir en Milán para acoger a los viejos artistas de canto no favorecidos por la fortuna, o que no tenían de jóvenes la virtud del ahorro. ¡Pobres y queridos compañeros de mi vida!

Durante la Navidad de 1901, la salud de Verdi empeora, está en Milán donde suele pasar los últimos inviernos, por via Manzoni los caballos y las carrozas marchan lentos, hay paja en la calle para amortiguar el ruido de cascos y ruedas… nadie quiere molestar el reposo del maestro… Giuseppe Verdi muere la madrugada del 27 de Enero de 1901 en su habitación de siempre en el primer piso del Grand Hotel et de Milan.*Firma de Verdi


*Datos históricos compartidos de:
https://ca.wikipedia.org/wiki/Giuseppe_Verdi

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